Consultor en Transformación Digital, Automatización e Inteligencia Artificial

Automatizo procesos para que las empresas ganen tiempo y control.

No empiezo por la tecnología. Empiezo por comprender cómo trabajan las personas. La tecnología llega después.

Operaciones de empresa de servicios coordinadas con sistemas digitales
ServiciosProcesos realesTecnología aplicada
La tecnología tiene sentido cuando ayuda a las personas a trabajar mejor.

A lo largo de mi trayectoria he trabajado con organizaciones muy diferentes, cada una con sus particularidades, sus procesos y sus formas de hacer las cosas. Sin embargo, con el tiempo he descubierto que muchos de los problemas suelen repetirse: tareas que consumen demasiado tiempo, información repartida entre diferentes herramientas, procesos que dependen de personas concretas o sistemas que deberían comunicarse entre sí pero no lo hacen.

Mi trabajo consiste en sentarme con las empresas, entender cómo funcionan realmente y encontrar formas de simplificar aquello que les impide avanzar con agilidad.

En algunos casos la solución pasa por automatizar procesos. En otros por integrar sistemas. En otros por replantear completamente una forma de trabajar que ha ido creciendo sin una estrategia clara.

Y, cada vez más, también por aprovechar las posibilidades que ofrece la Inteligencia Artificial para ayudar a las personas a ser más productivas y tomar mejores decisiones.

No me considero alguien que vende tecnología.

Me gusta pensar que ayudo a las empresas a utilizarla con sentido.

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Cómo pienso

No empiezo por la tecnología. Empiezo por comprender cómo trabajan las personas. La tecnología llega después.

Creo que la tecnología no es un fin, sino una herramienta.

No me interesa desarrollar software porque sí, ni incorporar Inteligencia Artificial porque esté de moda.

Cada decisión tecnológica debe tener un propósito claro: simplificar el trabajo, eliminar tareas repetitivas, facilitar la toma de decisiones y ayudar a las personas a centrarse en aquello que realmente aporta valor.

Antes de escribir una sola línea de código intento comprender cómo trabaja una empresa, dónde pierde tiempo, qué procesos generan errores y qué información necesita realmente cada persona para hacer bien su trabajo.

Después diseño soluciones que acompañan esa forma de trabajar.

No creo en programas llenos de funciones.

Creo en sistemas que resuelven problemas reales.

Para mí, la mejor tecnología es aquella que casi desaparece, porque las personas simplemente pueden trabajar mejor gracias a ella.

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Mi filosofía

La tecnología es importante. Entender el negocio lo es más.

Muchas veces la conversación empieza hablando de software, de aplicaciones o de Inteligencia Artificial.

Es normal.

Son temas que generan interés y que ocupan gran parte de las conversaciones actuales.

Sin embargo, rara vez empiezo por ahí.

Antes de plantear una solución necesito entender cómo trabaja la organización, cómo circula la información entre departamentos, qué dificultades encuentran las personas en su día a día y cuáles son los objetivos reales que persigue la empresa.

Con frecuencia descubro que el problema inicial no era exactamente el problema.

Una empresa puede pensar que necesita una nueva aplicación cuando en realidad lo que necesita es conectar correctamente las herramientas que ya utiliza.

O puede pensar que necesita automatizar una tarea cuando el verdadero problema está en el propio proceso.

Por eso siempre he creído que la tecnología debe ser una consecuencia de una reflexión previa y no el punto de partida.

Las herramientas cambian constantemente.

Los problemas de las empresas son mucho más estables.

Y entenderlos sigue siendo la parte más importante del trabajo.

No se trata de enseñar tecnología. Se trata de hacer visible cómo trabaja una organización y dónde se puede mejorar.
Espacio de trabajo de servicios con procesos de equipo organizados
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Quién soy

Si tuviera que definirme en pocas palabras diría que soy una persona curiosa.

Siempre me ha gustado entender cómo funcionan las cosas.

Me pasaba cuando era niño desmontando aparatos para ver qué había dentro y me sigue pasando hoy cuando experimento con Inteligencia Artificial, automatización o dispositivos IoT.

Mi relación con la tecnología empezó muy pronto. Con nueve años descubrí un ordenador MSX y comencé a dar mis primeros pasos en programación. Evidentemente no imaginaba que aquello terminaría convirtiéndose en mi profesión, pero mirando atrás veo claramente que fue allí donde empezó todo.

Esa curiosidad me llevó a estudiar electrónica industrial y posteriormente a trabajar en el mundo de la microinformática. Durante aquellos años aprendí mucho sobre equipos, redes, servidores y soporte técnico, pero sobre todo aprendí algo que continúa siendo fundamental en mi forma de trabajar: escuchar.

Escuchar a los usuarios.

Escuchar a los clientes.

Escuchar a las personas que cada día tienen que convivir con los problemas que intentamos resolver.

Con el tiempo fui descubriendo que lo que más me motivaba no era únicamente la tecnología, sino la posibilidad de crear herramientas que ayudasen a trabajar mejor.

Recuerdo que durante mis primeros años profesionales realizaba facturas utilizando hojas de cálculo. Apenas unos meses después desarrollé mi propio programa de facturación porque me parecía más sencillo construir la herramienta que seguir adaptándome a las limitaciones que tenía.

Aquella pequeña aplicación comenzó siendo una necesidad personal. Poco después algunos clientes empezaron a pedírmela y, sin darme cuenta, acababa de descubrir una profesión que me acompañaría durante toda mi vida.

Desde entonces han cambiado muchas cosas.

Han cambiado los equipos.

Han cambiado las tecnologías.

Han cambiado las formas de trabajar.

Pero hay algo que permanece exactamente igual: sigo disfrutando cuando encuentro un problema, lo entiendo y consigo transformarlo en una solución útil.

Hoy continúo aprendiendo cada día. Sigo programando, sigo investigando y sigo construyendo proyectos. Y cuando tengo un rato libre es fácil encontrarme experimentando con ESP32, Raspberry Pi o cualquier otro dispositivo que me permita conectar el mundo físico con el digital.

Porque, en el fondo, sigo sintiendo la misma curiosidad que cuando tenía nueve años y encendí aquel MSX por primera vez.

Ideas propias

Mi forma de entender la tecnología también se construye en conceptos.

No son productos cerrados ni etiquetas comerciales. Son líneas de trabajo, ideas y modelos que me ayudan a pensar mejor los problemas de las empresas.

ProActiveLayer

Una forma de pensar sistemas que no esperan a que el problema explote, sino que ayudan a anticiparse, ordenar señales y actuar con más criterio.

Hot Potato Responsibility Model

Un modelo para detectar responsabilidades que pasan de mano en mano sin resolverse, y rediseñar procesos para que cada decisión tenga dueño real.

Phralis

Una línea de trabajo alrededor de lenguaje, contexto e inteligencia aplicada para que la tecnología entienda mejor lo que las personas necesitan hacer.

Gaolos

Una plataforma nacida de años resolviendo problemas reales de gestión, integración y operación en empresas con necesidades concretas.

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El día que cambió mi vida

Hay momentos que, cuando los vives, parecen una conversación más.

Y años después te das cuenta de que marcaron un antes y un después.

Para mí uno de esos momentos ocurrió en 2004.

Hasta entonces mi trabajo estaba muy centrado en la microinformática, los servidores, las redes y el soporte técnico. Programaba, sí, pero todavía no había encontrado la pieza que me permitiera construir el tipo de soluciones que tenía en la cabeza.

Por aquella época uno de mis clientes tenía tres tiendas en el centro de Barcelona y necesitaba que compartieran información entre ellas.

La solución más directa parecía conectar las bases de datos de las tres ubicaciones para que trabajaran sobre la misma información. Técnicamente era posible, pero aquello implicaba exponer SQL Server a través de una red inalámbrica y no terminaba de convencerme.

Recuerdo comentar el problema con un amigo, Alex.

Curiosamente él había recorrido el camino contrario al mío. Había dejado la programación para dedicarse a la microinformática mientras que yo cada vez me sentía más atraído por el desarrollo de software.

Le expliqué la situación y las dificultades que estaba encontrando.

Entonces me hizo una pregunta muy sencilla:

— ¿Has mirado los Web Services?

La respuesta era no.

Ni siquiera sabía realmente qué eran.

Aquella conversación despertó mi curiosidad y me hizo darme cuenta de que probablemente existía una forma mejor de construir el tipo de soluciones que estaba imaginando.

Poco después tomé una decisión que, vista con perspectiva, fue una de las mejores inversiones de toda mi carrera profesional.

Busqué formación especializada y encontré una academia llamada New Horizons. Contraté un curso individual de 24 horas porque tenía muy claro lo que necesitaba aprender y también aquello que no necesitaba.

Tuve la enorme suerte de encontrarme con Julio César.

Además de ser un excelente profesional, era una persona con una gran capacidad para enseñar. Le expliqué qué quería conseguir, cuáles eran mis objetivos y qué problemas intentaba resolver.

En lugar de seguir un temario estándar, adaptó la formación a mis necesidades reales y me ayudó a comprender exactamente aquello que necesitaba para empezar a construir.

Tres meses después de finalizar aquella formación comencé a desarrollar con paso firme la plataforma que marcaría gran parte de mi trayectoria profesional durante las décadas siguientes.

Por primera vez tenía la herramienta que llevaba tiempo buscando.

Una forma elegante de conectar aplicaciones, usuarios y datos.

Una forma de construir plataformas empresariales capaces de crecer y evolucionar con el tiempo.

Hoy hablaríamos de SaaS, plataformas cloud o arquitecturas distribuidas.

En aquel momento simplemente estaba intentando resolver un problema real.

Mirando atrás, me doy cuenta de que aquella conversación con Alex y aquella formación con Julio César cambiaron completamente mi manera de entender el software.

Y probablemente también cambiaron mi vida profesional.

A veces una carrera profesional cambia por una gran decisión.

La mía cambió gracias a personas que aparecieron en el momento adecuado.

Alex, gracias.

Julio César, gracias.

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Mi trayectoria

Cuando miro atrás no veo una sucesión de tecnologías.

Veo una sucesión de problemas que había que resolver.

Durante estos años he tenido la oportunidad de trabajar junto a empresas de tamaños y sectores muy diferentes. He visto negocios crecer, abrir nuevas líneas de actividad, enfrentarse a cambios tecnológicos y adaptar su forma de trabajar a nuevas necesidades.

En muchos casos el reto no era tecnológico.

Era organizativo.

Cómo compartir información entre diferentes ubicaciones.

Cómo evitar duplicidades.

Cómo reducir errores.

Cómo ahorrar tiempo en tareas administrativas.

Cómo conseguir que diferentes sistemas trabajaran como uno solo.

Mi papel ha sido casi siempre el mismo: escuchar, analizar y proponer soluciones que ayudaran a las personas a trabajar mejor.

Algunas veces esas soluciones han sido sencillas.

Otras veces han requerido años de evolución y mejora continua.

Pero siempre han tenido el mismo objetivo: convertir la tecnología en una herramienta útil y no en una complicación añadida.

Empresas distintas, problemas parecidos: información repartida, tareas repetidas y sistemas que deberían comunicarse mejor.
Oficina de servicios preparada para mejorar procesos y coordinación
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Lo que he aprendido

Después de toda una vida trabajando junto a empresas he llegado a algunas conclusiones que, curiosamente, son bastante más simples de lo que imaginaba cuando empecé.

La primera es que los problemas rara vez están donde parecen.

Muchas veces una empresa cree que necesita una nueva aplicación cuando en realidad necesita reorganizar un proceso. O piensa que el problema está en una herramienta concreta cuando lo que realmente ocurre es que la información no circula correctamente entre las personas que la utilizan.

También he aprendido que automatizar un mal proceso no resuelve nada.

Simplemente consigue que el problema ocurra más rápido.

Por eso siempre intento entender primero qué está pasando antes de plantear una solución.

Otra lección importante es que las mejores soluciones suelen ser las más sencillas.

Con el paso de los años he visto proyectos enormes que aportaban poco valor y pequeños cambios que transformaban completamente la forma de trabajar de una organización.

La tecnología tiene una enorme capacidad para ayudar, pero también para complicar las cosas cuando se utiliza sin una estrategia clara.

He aprendido que escuchar suele ser más importante que hablar.

Que los usuarios conocen detalles que no aparecen en ningún manual.

Que las personas que trabajan cada día con un proceso suelen entender mejor sus problemas que cualquier consultor externo.

Y que dedicar tiempo a escuchar antes de actuar casi siempre termina dando mejores resultados.

También he aprendido que detrás de cualquier proyecto siempre hay personas.

Cuando hablamos de digitalización, automatización o Inteligencia Artificial es fácil centrarse en la tecnología y olvidar que el verdadero objetivo es ayudar a alguien a trabajar mejor.

Reducir errores.

Ahorrar tiempo.

Eliminar tareas repetitivas.

Facilitar la toma de decisiones.

En definitiva, hacer que el trabajo diario sea un poco más sencillo.

Y quizá la lección más importante de todas es que nunca se termina de aprender.

Después de tantos años sigo encontrando nuevas formas de resolver problemas, nuevas tecnologías que explorar y nuevas ideas que incorporar a mi forma de trabajar.

Probablemente esa curiosidad ha sido la constante más importante de toda mi trayectoria.

Y espero que siga siéndolo durante muchos años más.

07

¿Podemos mejorar algún proceso?

Si has llegado hasta aquí, probablemente compartimos algo en común.

Nos gusta encontrar formas mejores de hacer las cosas.

Quizá estás intentando automatizar tareas que consumen demasiado tiempo.

Quizá tienes varios sistemas que deberían comunicarse entre sí y no lo hacen.

Quizá estás explorando cómo aplicar Inteligencia Artificial de una forma práctica y útil para tu organización.

O quizá simplemente tienes la sensación de que determinados procesos podrían funcionar mejor.

Si es así, estaré encantado de conversar contigo.

Sin fórmulas mágicas.

Sin humo.

Sin complicaciones innecesarias.

Solo una conversación para entender tu situación y valorar si puedo ayudarte.

Porque después de todos estos años sigo disfrutando exactamente de lo mismo:

entender problemas, encontrar soluciones y acompañar a las empresas en su evolución.

roger [@] rogerpujol.com +34 667 427 856 LinkedIn Barcelona - España

Cuéntame brevemente qué quieres mejorar. Te responderé personalmente.